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Amanecer

Un viaje por la vida

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Así es como lo veo yo. El amanecer de un reto que hacia tiempo me rondaba la cabeza: escribir sobre lo que quiero, lo que deseo y lo que recuerdo, sin miedos, sin censuras ni prejuicios.

Es la cara y la cruz de las redes sociales, que todo el mundo sabe quién eres o que nadie necesita saberlo.

Mi intención es escribir aquí mis experiencias con la vida, con el sexo y la gente. Como todo lo que he pasado ha ayudado a crear la persona que soy y la que a veces temo ser.

Porque a través de las palabras puedo recordarme y mostraros como he sido y a donde voy con esta mochila cargada a las espaldas.

¿Me acompañáis?

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Sexo en parejas. Cap. 28

Fue pasando el tiempo entre trabajo y trabajo y en otra terraza en la que estuve trabajando conocí a un camarero con el que conecte de manera rápida y fugaz

Mi compañera había ligado con uno de los metres y acordamos salir los cuatro a tomar algo

Ya estando de copas sus abrazos y sus besos fueron in crescendo y yo no sé los negaba.

Se terminaba la noche para los cuatro y acabamos en casa de mi compañera.

Era una estancia que más bien parecía una habitación de hotel, pues la cama y la sala de estar estaban unidos.

Mi compañera y su pareja se sentaron en la cama y nosotros en el sillón

Tomando unas copas caseras charlamos un poco hasta que en un abrir y cerrar de ojos estábamos los cuatro ocupados en otras tareas.

Resultaba bastante morboso ver en frente a mí compañera como se besaba y se desvestía con su chico sin pudor ninguno e incluso a veces me lanzaba miradas de reojo como gritándome que me relajara y me dejara llevar.

Después de besarnos y tocarnos. Me puse de rodillas en el suelo y le fui abriendo a mi pareja la cremallera del pantalón.

No faltaba las risas y las miradas cómplices entre todos. Allí podría pasar cualquier cosa y Nadie tenía pinta de negarse.

Consciente de los espectadores que tenía tan solo a un metro de distancia, empecé a comerme el sexo de mi chico de manera feroz y teatrera. Con mucho movimiento, con gemidos y besos sonoros para que se notara que estábamos haciendo.

Mi compañero gemía mientras me acariciaba el pelo y se inclinaba en el sillón.

Mientras a mis espaldas oía los sollozos leves de mi compañera y mi imaginación empezaba a trabajar intentando adivinar que es lo que estaría pasando.

Todo era bastante tranquilo e íntimo y los cuatro estábamos a tope.

Nos pusimos de pie ambos y entre besos nos quitamos la ropa.

Me tumbó en el sillón mientras me comía los senos y yo mientras me deleitaba con la escena que tenía en frente.

Estaban los dos desnudos. El metre estaba tumbado en la cama y mi amiga estaba sentada encima de él moviéndose hacia un lado y el otro mientras le tocaba los senos con dulzura. Los dos nos miraban sonriendo y yo les devolví la sonrisa. Estaba a mil solo de verles y tenía muchas ganas de que mi chico me penetrara con fuerza y con intensidad.

Efectivamente empezamos con una postura clásica y le rodee la espalda con mis piernas mientras me la metía una y otra vez con movimientos bruscos y directos.

Llegó un momento en que los gemidos de ambas se mezclaban como una suave canción en medio del silencio que reinaba en la estancia.

No tarde en notar que las dos buscábamos nuestro primer orgasmo y nuestros gemidos, cada vez más fuertes, alentaban a nuestros compañeros a aumentar la fuerza y la velocidad.

La intención de llegar a la vez aumentaba nuestro deseo y pedíamos cada vez más intensidad a nuestros respectivos hasta que de repente las dos empezamos a notar que llegaba nuestro objetivo.

Suspiramos, gritamos y nos quejamos de placer. Fue uno de los orgasmos más morbosos que había sentido hasta ese momento.

A nuestras parejas les quedaban aún fuerzas y energía para seguir.

Ellos cambiaron de postura y seguían dándose placer y nosotros, sin despegar nuestros labios nos pusimos de pie junto a la ventana.

Me penetro desde atrás mientras yo me apoyaba en el cristal frío y me dio mucha caña durante un rato sacándome otro orgasmo casi sin esfuerzo.

Se sentó en el sillón exhausto y me senté encima de él volviendo a dar la espalda a mis amigos que estaba enredados entre las sábanas.

Le di mucha candela a mi pareja con esa postura, botando y apretando para sentirle muy profundamente.

Tras mi tercer orgasmo busque su zona de mayor placer sintiendo tan solo su glande rozar la entrada de mi vagina y me concentré en ese punto fijándome en sus gemidos.

Finalmente me dio toda su energía llegando entre gritos y alaridos.

Nos quedamos tumbados en el sillón, abrazados mientras contemplábamos a nuestros amigos y como sus cuerpos se movían bajo las sábanas. Ellos aún tenían bastante cuerda y seguían a lo suyo.

– Vamos a ducharnos y les dejamos un rato de intimidad. Me dijo agarrándome de la mano y tirando de mi.

Allí en la ducha volvimos a hacerlo bajo el agua y el jabón está vez más salvaje, menos forzado, más auténtico. Llegue varias veces y mi compañero me lo volvió a dar todo.

Cuando salimos del vapor de la ducha miramos el reloj y nos dimos cuenta de que había pasado horas. Ya casi era mediodía.

En el salón estaban nuestros amigos durmiendo. Nos vestimos y cerramos la puerta con mucho sigilo.

Esa noche volveríamos a vernos los cuatro en el trabajo. Nos sonreímos los unos a los otros, e incluso le gaste un par de bromas a mi compañera mientras servíamos copas.

No volvería a pasar nada más entre ese camarero y yo. No hubo más oportunidades ni las buscamos, pero el recuerdo de esa mañana secreta siempre quedará en mi memoria.

Espérame. Cap. 27

De las últimas noches trabajando en la terraza, tuve una visita muy inesperada:

El camarero abrazacaderas.

Hacia mucho tiempo que no sabía de él. Me contó mil batallas de su trabajo en Ibiza esa temporada y lo cansado que estaba de la noche.

Pasamos la noche hablando y desayunamos juntos.

Se le veía tan buen chico que un par de veces me entraron ganas de abrazarle, pero me contuve para no darle excesivas esperanzas.

¿Que nos pasa a todas las chicas a una determinada edad, que los chicos buenos nos parecen todos muy poco interesantes?

¿Han hecho estudios sobre esto? ¿Tiene que ver con las hormonas, con el instinto de supervivencia? ¿Con la tontada mental? O con el destino que te dice:

“Cariño, no has sufrido aún lo suficiente como para que encuentres a un buen chico aún. Te quedan lágrimas que derramar y dioses en los que cagarte”

Me daba tremenda pena tenerle tanto cariño, habernos acostado en una noche loca y haberme gustado, sentirle un chico sincero y comprometido, y aún así, a pesar de todo ello, no encendérseme la llamita del amor.

Se ofreció a llevarme en su coche a mi casa y accedí de mala gana.

De repente, en medio de una calle muy poco transitada junto a las zonas de Atocha paró el coche.

Apoye mi brazo en la ventana del coche con la mano en mi nuca.

“¿Por queeeeeee te paraaaaaaas?” Pensé para mis adentros mientras rezaba para que no se acercara demasiado.

– Ven, mírame. Me dijo con un suave tono

– Que. Alcanzaba a decir yo sin evitar la sonrisa en los labios, como adivinando la siguiente frase.

– Esa noche en la que nosotros….

– uff!!!. Le corté yo. Llevaba una impresionante. No me acuerdo de nada.!!

Pero lo cierto es que si me acordaba.

Me acordaba de sus abrazos. De la presión con la que apretaba contra él mientras me penetraba. De lo que sentí a pesar del alcohol…

Pero también sabía que si bailaba con él la música no pararía, que si le abrazaba no me soltaría, que si me enamoraba, perdería la libertad.

Y me daba miedo.

Mucho.

Y no de perder la libertad en sí, si no lo deprisa que va todo cuando sucede. Me daba pánico el tiempo, la vida.

– Otro día quedamos ¿vale?

No se me ocurrió que mas decir, pero debió de coger la indirecta.

Encendió el coche de nuevo y me llevó a mi portal.

“Espérame” le dije en mi interior mientras me despedía.

Volveríamos a vernos, pero aún no… aún no…

Verano gris. Cap. 26

Con el verano encima me volví a mi primera discoteca pero esta vez en su terraza.

Allí me toco estar en la tienda de merchandising y me tire todo el verano devorando libros y hablando con compañeros que me hacían compañía (porteros, camareros, etc). Eran muchas horas sin actividad y me encantaba conocerlos y bromear.

Recuerdo que pasé medio verano picándome con un portero muy cachas. Era rubio con los ojos azules y tenía a todas las camareras loquitas.

Acabamos una mañana en su coche y sinceramente fue una decepción absoluta.

Un hombre cuyo ego sobrepasaba su capacidad mental para entender a las mujeres nunca es un buen partido.

Allí sentados empezamos a hablar sobre los retos que nos habíamos propuesto el uno al otro cuando de repente sentí como me ponía la mano en el cuello y me empujaba hacia su entrepierna

¿Que? ¿Así? ¿Sin mediar palabra? ¿Ni un beso tan siquiera? No iba a ser su día de suerte.

Le dije que tenía muy poco tacto y que quizás con sus fans si, pero conmigo no. Me baje de su coche y cogí un taxi. Bye bye portero guapo.

Me regañé a mi misma por haber estado tan ciega y no haberlo visto venir.

Al día siguiente hicimos como si nada hubiera pasado, aunque reconozco que nuestras conversaciones se enfriaron y empezamos a marcar distancias.

No me dio pena.

Mi mayor fantasía era el metre, que me seguía gustando y que me seguía ignorando. Y el lo sabía.

Estando allí en la tienda una noche entró fingiendo revisar los artículos y me invitó a enseñarle el probador.

Entre delante de él descorriendo las cortinas cuando me empujó hacia la pared.

Me giré pidiendo explicaciones, extrañada.

Corrió las cortinas tras de sí y a mi me estaba a punto de explotar el corazón.

Había fantaseado tanto con el. Durante tantos meses que pasamos trabajando juntos, que tenerle tan cerca anulaba mi capacidad de decisión.

Me retiró el pelo de la cara poniéndomelo detrás de la oreja. Se acercó lentamente a mi pómulo derecho, con sus labios prácticamente rozando mi piel y me dijo:

– Así estás más guapa.

Sonrió y se fue.

Y yo me quede ahí plantada, con las braguillas ya en los tobillos, preguntándome si me estaba vacilando, si disfrutaba haciéndome sufrir o si era el principio de un juego interesante.

Esa mañana, al cerrar la terraza, me preguntó si quería ir a su casa a desayunar.

No me preguntéis qué shock postraumatico me dió, qué ataque de cobardía traicionera, que golpe de inocencia absurda invadió mi capacidad de razonamiento, que le dije que tenía cosas que hacer.

Poco tiempo después dejó la empresa y aún a día de hoy, mirando sus fotos en Facebook, me pregunto ¿que hubiera pasado si…?

Sexo didáctico. Cap. 25

Acabado el instituto volví a adentrarme en el mundo de la noche trabajando en unos garitos de Alcorcon que se abrían abierto dentro de un centro comercial de nueva construcción.

Era jefa de barra y me tomaba el trabajo bastante en serio, por lo que la verdad es que no interactuaba demasiado con los clientes.

Recuerdo que el DJ estaba loquito por mi pero a mí no me gustaba nada. Era demasiado mayor y demasiado raro.

Me asignaron un camarero y un barquero y daba la casualidad de que compartíamos los tres medio de transporte.

Tanto ir y venir, risas y bromas al final conecté con el barquero.

Era un chico muy jovencito, alto y delgado, que le gustaba componer rap y por las tardes trabajaba en un sex shop.

Resultaba gracioso que trabajase en ese tipo de negocios ya que era muy tímido, respetuoso e incluso un poco inexperto.

En uno de los viajes de vuelta nos dimos un tierno beso y empezamos a quedar fuera del ámbito laboral.

Conocí su trabajo de día. No había entrado nunca a un sex shop así que fue para mi una primera vez de muchas cosas.

Recuerdo que me cortó mucho el sitio. No era como son los sex shop de ahora, llenos de luces y colores, si no que me pareció un sitio muy oscuro, silencioso y con un fuerte olor a ambientador.

Parecía un sitio que se ocultaba de la sociedad a juzgar por los cristales tintados y los letreros tan pequeños y poco llamativos de la entrada.

Los artículos estaban dispuestos por secciones pero sin mucho afán de hacerlos atractivos.

Yo los miraba con mucha curiosidad intentando entender para que servia cada uno y me daba cuenta de que la mayoría estaban destinados al público masculino.

El sitio tenía unas cabinas parecidas a los telematones en donde disponías de pantallas y cajas de pañuelos.

La verdad, me pareció todo muy oscuro y tétrico y no volví a aquel lugar. Lejos de excitarme me daba un mal rollo impresionante.

Un día que estábamos en su casa y no estaban sus padres nos liamos como Dios manda.

Nos desvestimos con mucha prisa, como dos adolescentes primerizos intentando arañar cada minuto de soledad que teníamos.

Habíamos estado excitándonos durante muchos días y teníamos ganas de hacerlo.

Recuerdo lo alto que era y que para besarle me debía de poner de puntillas. Nunca me había pasado pues yo ya de por si soy alta y encontrar a un amante que lo era más que yo era mucha casualidad.

Ahí desnudos, el uno junto al otro, no dejábamos de besarnos, abrazarnos y rozarnos hasta que nuestros cuerpos estuvieran a tope para sentirnos uno dentro del otro.

Tras mis besos y caricias en su hermoso sexo, las cuales le hicieron enloquecer, me levantó del suelo y ahí mismo, de pie, me giró para darle la espalda.

Me apoye un poco en el armario que había junto a su cama y sentí como me penetraba entre mis piernas semi abiertas.

Me cogía la barbilla mientras me empujaba una y otro vez a la vez que me acariciaba el pelo. Me pareció un acto tranquilo y sincero. Sexo sano, en definitiva. Me gustó mucho.

Para hacerle sentir más, crucé mis piernas una tras la otra haciendo uso de mis potentes músculos vaginales, lo que le volvió loquisimo y me duró muy poquito tiempo más.

Nos volvimos a abrazar. Apoyando mi cabeza en su hombro y me dijo que jamás había sentido esa presión. Que había llegado muy fuerte. Que le había encantado.

Durante todo el tiempo que estuve trabajando allí nos estuvimos viendo con cierta regularidad.

Yo desplegaba mis trucos más secretos para hacerle enloquecer porque veía que no había pasado del folleteo más básico y le enseñé técnicas, movimientos y abrazos que a mí me habían cautivado y que supuse que harían enloquecer a las chicas que se encontrara.

Le enseñe a escuchar el cuerpo de su compañera. A olvidarse de sí mismo y aguantar hasta conseguir llevarla al cielo. A romper con los mitos de follar para llegar y empezar a hacerlo para disfrutar.

Fue la primera vez que me tomé el sexo de una forma didáctica, y no me disgustó, pues entre nosotros no había más que cariño y atracción y unas ganas locas de explotar el rol alumno/profesora.

Me queda el recuerdo y la esperanza de haber echo de aquel buen chico una máquina de producir placer.

Algo especial. Cap. 24

Al dejar mi primera discoteca me tomé unos meses de descanso para intentar terminar el instituto.

Me había estado apuntando a las sesiones de los jueves hasta la de los domingos y al final aparecía en clase los martes y miércoles para saludar a los profesores algunos de los cuales apenas me conocían.

Durante mi época de solo estudiante pase mucho tiempo en Madrid con la familia materna.

Volví a reencontrarme con mi prima y hacíamos muchas cosas tranquilas.

Uno de sus amigos se llamaba Carlos. Era un chico alto, rubio y con los ojos azules. Me parecía muy atractivo pero le respetaba bastante por ser muy amigo de ella.

Cada diaz hacíamos más cosas los tres juntos y de vez en cuando se quedaban a dormir en mi casa.

Una de esas noches, de acampada en el salón, salieron nuestros instintos más traviesos.

En medio de la oscuridad nos tocamos y besamos entre los tres, experimentando y jugando. No pasaron de juegos inocentes, pero Carlos y yo conectamos de una forma especial y tras esa noche de experiencias decidimos vernos más a menudo.

Empezamos a salir y a quedar en su casa, la cual casi siempre se encontraba vacía ya que su madre trabajaba muchas horas.

Pasamos el tiempo entre películas, videojuegos y otras ideas infantiles que nos divertían bastante y nos hacían desconectar de ese mundo tan serio que habia ahí fuera.

Obviamente también nos excitábamos y teníamos ganas de hacerlo, y ahí empezaron nuestros problemas, porque la tenía… tremendamente grande y ancha.

Cualquier tía que me esté leyendo pensara ¿y que problema hay? Disfrútala!

Y eso quería yo, disfrutar ese pedazo de miembro que Dios le dio a este chico, pero era tan ancho que apenas me cabía en la boca y no hacía más que lamerlo por todos los sitios para intentar darle el placer que se merecía.

Recuerdo que una noche llamamos a todas las farmacias preguntando por condones xxl porque por desgracia ni los normales ni la talla grande le valían. Algunos dependientes pensaban que llamábamos en broma porque se quedaban muy extrañados y casi todos nos indicaban que ese tipo de preservativo era de encargo y había que pedirlos con mucha antelación

Ahora sonrío al recordar nuestras peripecias buscando condones grandes pero lo cierto es que por aquella época Carlos estaba un poco acomplejado con el tamaño de su pene y la verdad es que a mí me daba mucha pena

A pesar de las dificultades que teníamos para follar la verdad es que lo que más recuerdo de nuestros encuentros sexuales fue cuando se empeño en darme placer para compensarme todos esos momentos en los que me quedaba con las ganas de sentirle dentro.

Me tumbó en el sillón y me dijo que me relajara. Yo la verdad es que quería hacerlo pero me seguía sintiendo mal pensando que Carlos no obtuviera el placer que buscaba y que yo me sentía incapaz de darle.

Aún así me tumbé e hice lo que me dijo. Apoyé una pierna sobre el respaldo del sillón y la otra la mantuve estirada. Carlos, como si de un médico se tratara, se arrodilló a mi lado y se arremangó. Me mansturbaría de una forma especial que nunca nadie me ha vuelto a hacer.

Me introdujo varios dedos en la vagina buscando mí punto G. Sin prisa pero sin pausa escudriñaba aquellos rincones de mi cuerpo más profundo buscando la zona que me hiciera sentir el mayor placer posible.

Cuando encontró esa zona, con los dedos de la otra mano empezó a mansturbar mi clítoris de forma constante y con mucha presión mientras presionaba y acariciaba mi zona interior.

Cerré los ojos y dejé volar mi imaginación. Rememore las fantasías sexuales que tenía mientras yo me tocaba en la intimidad. Muchas veces me imaginaba atada de pies y manos mientras un chico misterioso me sacaba orgasmos como castigo. Ese era el momento perfecto para rozar casi la fantasía y me sentí atrapada de esa manera.

No me pude creer lo que estaba sintiendo, porque el orgasmo que me provocó fue uno de los más fuertes que he sentido en toda mi vida.

Mi cuerpo se retorcía, temblaba, gritaba, y Carlos no paraba de mover sus manos. Fue morboso y muy intenso. Casi muero de placer.

A pesar de ello lo cierto es que nuestros deseos carnales se enfriaron, pero nuestra amistad se fortaleció muchísimo y pasamos unos meses más muy unidos.

Me ayudó a superar el instituto y nos hicimos muchísima compañía.

Mis sentimientos de pasión se transformaron en amor y cariño y lloré mucho cuando me dijo que se iría a otro país, en donde se encontraba su madre trabajando.

Allí encontró su verdadera orientación sexual y superó sus complejos.

A pesar de los años transcurridos seguimos sintiendo ese tremendo cariño el uno por el otro y no perdemos el contacto.

Nos une algo especial que no puede apagarse por mucha lluvia que caiga en nuestros corazones.

Solo amigos. Cap. 23

A pesar de trabajar de noche y acudir al instituto, intentaba no olvidar a mis amigos de fin de semana.

Era un grupo bastante grande formado la mayoría por chicos de todas las edades y características y me encantaba salir con ellos porque te hacían sentir parte del el.

Nuestra premisa era el botellón, para calentar la noche, y los garitos de la parte de arriba de Mostoles, para terminarla.

Recuerdo una noche, entre copas, como se envalentonaron dos de ellos asegurándome ser capaces de hacer un trío conmigo (una de las mayores fantasías que siempre había tenido). Tanto presumieron que quedamos al día siguiente, de pellas, para hacerlo realidad. Para mí sorpresa no acudió ninguno a la cita. No fueron, finalmente, tan valientes ni tan curiosos como decían ser y yo me tuve que comer las ganas de meterme con su cobardía porque entendí que no estaban preparados ni serían los amantes ideales.

Entre los integrantes del grupo se encontraba un chico que a mí me parecía de los más mayores y misteriosos. Era súper gracioso, siempre tenía un comentario mordaz para hacer reír al resto y también, cuando había que serlo, se ponía serio siempre en defensa de los demás.

Creo que durante nuestras juergas nunca intercambiamos más que pequeñas conversaciones típicas de conocidos. Yo le veía bastante inalcanzable en la distancia y tampoco noté que tuviera interés por mí.

Terminó sus estudios y tuvo que irse a otra Comunidad a trabajar y quedamos para despedirnos. Tomamos algo mientras charlabamos y nos dimos cuenta de que algo se quedaba pendiente. Es esa sensacion de que habia algo oculto que nos atraia, aunque no nos habiamos dado cuenta antes.

Sus padres no estaban porque se habian mudado tambien, asi que subimos a su casa, que estaba a medio amueblar y nos sentamos en el sillon a charlar un poco.

No pasó mucho tiempo hasta que me preguntó si podia darme un beso y trás ese timido gesto, vino todo lo demas.

Con mucho cariño nos desvestimos sobre el sillon. Él me besaba muy suavemente por el cuello desabrochandome el sujetador blanco que llevaba mientras acariciaba mis senos con un tremendo cuidado.

Yo acompañé sus caricias con las mias, notando como su miembro se ponia duro bajo su ropa interior.

Nos tumbamos en el sillón, mientras nos restregabamos como dos adolescentes, sintiendo nuestras partes palpitando y pidiendo a gritos salir de esa prision de tela en la que se encontraban.

Recuerdo estar especialmente excitada, porque era un chico con el que no habia tenido ninguna fantasia, pero habia estado a su lado tantas veces, que tenerle desnudo junto a mi, en una escena tan improvisada, con tantos años de amistad a nuestras espaldas, me resultaba de lo mas morboso.

Metí la mano bajo su slip notando su pene caliente y dispuesto y lo saqué para jugar con él mientras el me tocaba timidamente bajo mis braguitas.

Le empujé hacia atras y me puse sobre él intentando dominar la situacion, besandole el pecho y la cintura hasta llegar a su ardiente sexo que estaba deseosa de probar.

Lo lamí despacio y con suavidad, mientras movia mi mano de arriba hacia abajo buscando su maxima excitacion. Miraba su cara relajada de placer y cogi su mano y la dirigi hacia mi pelo para que me acompañara en mis movimientos, y me dirigiera, si lo necesitaba.

Tras varios minutos saboreando su cuerpo, me subí encima suyo aprovechando los huecos del sillon para encajar mis rodillas y poder darle mucho ritmo a nuestro encuentro.

La notaba dentro de mi, grande y dispuesta, mientras el me agarraba las caderas con mucho cuidado.

Cambiamos la postura, poniendose el detras de mi, y recuperando la fuerza que su gran cuerpo le daba, empezó a penetrarme con mucha mas vigorosidad, haciendo que mis pechos se chocaran contra el sillon.

Yo, con los ojos cerrados, me deje llevar, sintiendo su cuerpo entrar y salir de mi con fuerza pero con delicadeza mientras un orgasmo intenso, fruto del roce y el compás, se adueñaba de mi.

Tras un par de posturas más, él llegó al éxtasis y nos quedamos abrazados alucinando con lo que habia pasado.

Tras vestirnos y pasear un poco por las calles de Móstoles, nos despedimos con una gran pena de no habernos unido antes y tener mas tiempo para conocernos mejor.

Cientos de Km nos separarian, pero la distancia posibilitó que nos unieramos un poco mas en alma y espíritu, pues el destino quiso que años después necesitáramos consejo el uno del otro, para sobrellevar los obstaculos que nos pone la vida, y a dia de hoy, a pesar del tiempo transcurrido, seguimos llamándonos y escribiéndonos, buscando no apagar esa minuscula, casi imperceptible, brasa que mantiene encendidos nuestros deseos mas secretos.

 

Encuentros tras las estrellas. Cap. 22

Ivan y yo nos seguíamos viendo y obviamente buscamos un sitio preferido en donde cometer fechorías

Finalmente, por asiduidad, determinamos que la puerta del planetario era un buen lugar para darnos placer matutino.

Los vigilantes ya nos conocían de cada madrugada del domingo y seguramente más de uno se tocaba mientras nos veía.

No salíamos del coche pero tampoco tapábamos ningún cristal. Nos ponía que nos vieran y que no. Nos daba igual. 

Nuestros encuentros era automáticos, casi obligatorios. Estuviéramos cansados o somnolientos, acabábamos follando siempre.

Pocos chicos recuerdo con los que me sintiera tan compenetrada sexualmente y los dos lo sentíamos.

No hacía falta hablar, ni indicarse, ni pedirse. Cada vez era perfecta.

Su pene era grande y ancho en la base y acababa en una graciosa punta. Esto hacía que cuando me la metía muy profundamente las terminaciones nerviosas de la entrada de mi vagina se pusieran a hacer su trabajo y yo no tardaba en alcanzar el primero.

Ivan aguantaba hasta donde el quería, por lo que terminábamos haciendo apuestas de cuantos orgasmos me sacaría ese día o si yo conseguiría hacerle llegar primero.

Eran verdaderos maratones de placer en donde, en vez de esforzarme en buscar un orgasmo yo me esforzaba en no tenerlo y la verdad es que casi siempre perdía.

Recuerdo que nos gustaba mucho hacerlo en la parte delantera del coche. Yo me sentaba encima de él dándole la espalda y ayudándome del volante encontrábamos el ritmo enseguida. También inclinábamos el sillón del conductor hacia atrás del todo y entonces yo me ponía mirando hacia el.

Un día en pleno verano, teníamos tanto calor que salimos fuera del vehículo.

Llevaba un vestido por la rodilla y me había quitado la ropa interior. Apoye el trasero en el maletero subiendo una de las piernas sobre la matrícula.

El de acercó para darme un abrazo y enseguida noté su miembro caliente buscándome. No tuve que hacer prácticamente nada porque estaba muy excitada y aquello entró suave y firmemente. Sin separarse de mi me agarró la pierna para que le rodeara la cadera mientras con la otra mano me sacaba un pecho del escote para besármelo.

Los coches pasaban a nuestro lado y al otro lado estaban a lo lejos los guardias de seguridad de pie, dudando entre acercarse o quedarse parados mirando.

– vamos a alegrarles el dia. Me dijo mientras bajaba hacia mi vagina y metía su cabeza bajo mi falda.

Yo intentaba relajarme sin poder evitar mirar hacia los guardias temerosas de que acudieran, pero los lametones a mi sexo eran tan intensos que finalmente me olvidaba de donde me encontraba.

Tras sacarme un buen orgasmo se incorporó y me giro hacia el coche.

Quede de puntillas apoyada sobre el coche con el trasero inclinado esperando a que me la metiera apasionadamente.

Efectivamente noté como me penetrababa desde atrás agarrándome el cuello para darle más pasión a la escena.

– Grita para ellos cariño.

Riéndonos los dos, mientras follabamos, gritábamos como verdaderos actores porno. Estábamos provocándoles, buscando el conflicto… o la complicidad.

Les mire y les vi dudosos. Finalmente se quedaron en sus puestos.

Más semanas volvimos a aquel lugar, y a su casa,  y nuestra relación de follamigos perduró en el tiempo… hasta que me volví a enamorar y le dije de dejar de vernos.

No me protestó ni me reclamó jamás nada.  

– El amor hay que respetarlo. Me dijo por teléfono.

Yo asentí apenada. ¿Acaso lo nuestro no era también algún tipo de amor? ¿Amor por el cuerpo de otra persona? ¿Por como te hace sentir cuando estás con ella?

No hemos vuelto a vernos desde entonces aunque reconozco haberle buscado por las redes sociales. 

Es lo que tienen los recuerdos, que siempre perduran en la memoria.