Destacado

Amanecer

Un viaje por la vida

Anuncios

Así es como lo veo yo. El amanecer de un reto que hacia tiempo me rondaba la cabeza: escribir sobre lo que quiero, lo que deseo y lo que recuerdo, sin miedos, sin censuras ni prejuicios.

Es la cara y la cruz de las redes sociales, que todo el mundo sabe quién eres o que nadie necesita saberlo.

Mi intención es escribir aquí mis experiencias con la vida, con el sexo y la gente. Como todo lo que he pasado ha ayudado a crear la persona que soy y la que a veces temo ser.

Porque a través de las palabras puedo recordarme y mostraros como he sido y a donde voy con esta mochila cargada a las espaldas.

¿Me acompañáis?

entrada

Fusión

Cualquiera diría que el local se encontraba allí.

La entrada la protegía una puerta que más bien parecía de vivienda y que al abrirla daba lugar a un recibidor en donde se encontraba un seguridad que te daba la bienvenida.

Unos pasos más adelante estaba el ropero que también hacía de taquilla.

Ahí comprobaban si reunías las condiciones para poder acceder:

Ser mujer, o venir con una.

El precio de la entrada incluía unas copas.

Tras dejar el abrigo pasamos a la barra , la típica que podrías encontrar en cualquier local nocturno. Y justo en frente, accesos casi sin luz que te llevaban a otras estancias. Era difícil elegir por donde entrar, parecía que estabas metida en un juego de azar y dependiendo de la puerta elegida así sería tu premio. La diferencia es que en cualquier entrada obtenías uno.

Tras nuestra primera copa decidimos pasar por la puerta central y pareció como si accediésemos a una dimensión desconocida.

De repente me cruzaba con gente en ropa interior, gente desnuda y gente vestida.

La música disimulaba los jadeos y los gritos.

Si, los gritos de parejas follando y de grupos de personas acariciandose.

De mujeres colgadas de arneses que estaba siendo penetradas por varios hombres.

Salas oscuras llenas de agujeros en las paredes por los que asomaban penes necesitados de caricias.

Del chapoteo del agua de una piscina central que cubría las partes desnudas de sus bañistas.

De gente hablando, junto a otra que se desvestía.

De chicas y chicos tocandose mientras veían a otros darse placer

Y una infinita lista de cosas que ni en mis sueños hubiera imaginado que se podrían hacer con tanta libertad.

Estábamos pasando la noche en un local “liberal”.

Era mi primera vez y no me disgustó lo que veía, pero si me costaba mantener la vista en las situaciones que allí se daban. Sería mi educación, sería mi juventud o sería una forma de no abrirme y no contaminarme.

Mi acompañante me llevó hacia un pasillo oscuro en nuestra peculiar visita turística.

Sin decirme nada me empujo contra la pared.

Me besó los labios mientras introducía su mano por debajo de mis pantalones.

Sentía como sus dedos me avasallaban, buscaban y se revolvían para tocarme y mansturbarme.

Yo intentaba zafarme del asedio, pero los besos fueron más fuertes, y las ganas de luchar más flojas.

Miraba a ambos lados y no había nadie y me dejé hacer.

Llegue un par de veces mientras mordía el cuello de mi pareja.

Y después de este ataque inesperado, que me puso a 1000 por hora, seguimos paseando como si nada.

Llegamos a unas pequeñas salas individuales de color plateado.

Había una cama, un espejo en el techo y un pequeño lavabo.

La puerta tenía cerrojo.

Cerramos y nos desvestimos apasionadamente. Era la primera vez que lo hacíamos y nos queríamos dar todo.

Estiramos sobre la cama las toallas que nos habían dado y empezamos a hacerlo desesperados.

Nos teníamos muchas ganas desde hace mucho y no teníamos mucho tiempo ni oportunidades para hacerlo bien.

Su pene vigoroso entraba y salía de mí con mucha facilidad y yo me dejaba llevar buscando el máximo placer posible.

Me puse de pie con la intención de descansar apoyando las manos en la pared y mirándome en el espejo del lavabo. Veía mi figura brillante por el sudor. Las curvas de mis pechos y mis glúteos. Me gustaba mi cuerpo.

A.R. vino a acompañarme. Le miré a través del espejo y le sonreí.

Me besaba el cuello mientras me penetraba por detrás, y sentía mi culito temblar de placer.

Me puse de puntillas para facilitar el movimiento mientras no dejaba de mirarme en el espejo y le pedía más y más.

De repente sin separarse de mi me llevo hasta la cama y se tumbó boca arriba, y quedando yo encima dándole la espalda, apoye mis pies en el borde del colchón y valiéndome de ellos calculaba mis embestidas contra su miembro duro como el acero.

Miraba hacia arriba y en el espejo superior observaba nuestros cuerpos mezclados, nuestras caras de placer y la dificultad de enfocarlo durante los orgasmos que me invadían.

Llegó al climax y nos tumbamos juntos.

Había sido épico.

El cómo, el dónde, el con quien. Todo me sobrepasaba y me hacían explotar mariposas en mi interior.

No hizo falta decir nada.

Salimos del local y nos metimos en el coche.

Nos miramos suspirando de nuevo.

Nos sonreímos

Y marcamos nuestros calendarios.

Había que repetir.

Y tenía que cumplirse mi fantasía.

Fantasías. Cap. 37

¿Cuantas veces se cumplen tus sueños? ¿En mayor o en menos medida que tus planes?

¿Y tus fantasías? Esas son las grandes olvidadas de las listas de objetivos, porque asumimos, en general, que no hay que luchar por las fantasías, pues si las viéramos realizables, no las llamaríamos así.

Freud estaba de acuerdo con eso y las llama “representaciones no destinadas a ejecutarse”

Yo quiero pensar que las fantasías son el resultado de anhelos estancados en nuestro interior, que luchan por salir y alojarse en la parte de tu cerebro que posibilitará que las hagas realidad.

Quizás porque hay temas en los que considero que no existen límites, -y menos los que nos ponemos a nosotros mismos-, es por lo que creo firmemente en que las fantasías se deben de hacer realidad, en la medida en la que la realidad te deje.

Así las cosas, no me resistía solo a imaginar en mis momentos más íntimos lo que me ponía a 100 que me pasara.

• Hacerlo fogosamente en una piscina

• En la playa

• Hacer un trío con dos chicos

• Durante un control policial. “Bájese del coche por favor”

• Hacer un trío con otra chica -sin profundizar en exceso-

• Con muchos chicos a la vez

• Hacerlo en el trabajo. Encima de la mesa de reuniones

Y un largo etcétera de escenas y personas que me excitan y a veces me obsesionan

Pocas veces cerramos los ojos y nos escuchamos a nosotros mismos

No somos capaces de aceptar lo malo, lo inmoral o lo políticamente incorrecto que reside en nuestro interior.

Supongo que porque eso nos hace sentir imperfectos, menos humanos y racionales y más animales

Yo no veo a un animal suicidándose por la culpa, ni intentando aparentar lo que no es. Su esencia está ahí, la acepta y la disfruta hasta sus últimas consecuencias.

El problema es que los que en el fondo pensamos así estamos rodeados de todo lo contrario y continuamente nos vemos obligados a callar para no herir. A olvidar para no dañar y a aparentar para no ser juzgados o dar excesivas explicaciones.

A medida que han ido pasando los años me ha ido pesando menos la culpa.

He comprendido que se puede seguir amando desesperadamente y no dejar de conocerte, de experimentarte, de perseguir tus fantasías.

Quizás es algo egoísta pensar que se puede tener todo en esta vida, pero ¿acaso también no es egoísta vivir ignorando las necesidades del otro?

Echando a un lado las moralidades, las presiones sociales y las religiosas ¿que sientes en tu interior realmente?

¿Lucharías por tus fantasías?

¿Te sientes dispuesto a hacerlas realidad?

D.P. Cap. 36

Yo seguía obsesionada con la idea de hacerlo con dos chicos a la vez, y para alimentar esa gran sed que tenía, aprovechaba algún ratito libre que tenía entre trabajo y trabajo para mirar cine porno.

Aunque me excitaban algunas escenas, en general me parecían demasiado machistas.

La chica siempre parecía sometida y los dos varones hacían y deshacían a su antojo sin apenas contar con ella.

Es cierto que de vez en cuando nos pone que nos dominen, pero también nos derrite que nos traten como a princesas

Me intentaba alejar del pobre argumento y centrarme en las escenas explícitas

Y cuando llegaba a la parte en la que se veía claramente una doble penetración, en la que los penes de los protagonistas entraban y salían repetitivamente del cuerpo de la actriz, me fijaba obsesivamente para intentar descifrar si con aquello podría sentirse dolor.

Por supuesto que me había mansturbado pensando en aquello, pero apenas me satisfacía la sensación. Necesitaba sentirlo.

En uno de nuestros escasos y por mi parte ansiadisimos encuentros, le propuse a mi marido meter a un “amiguito” en escena, y mientras nos quitábamos las ropa, aproveché para abrir el cajón y ponerlo junto a la almohada

Era mi consolador favorito. Un gran falo de color rosa, perfectamente contorsionado, con sus pliegues y su hermoso glande increíblemente definido. Además, tenía varias posiciones de vibración y la última de ellas me volvía loca.

Comenzamos haciendo el amor con nuestras posturas preferidas y de repente mi amiguito entró a jugar.

Mientras mi chico me penetraba por detrás, me colocaba el vibrador justo encima de mi clitoris, haciendo que los orgasmos que fácilmente conseguía ya de por si, se duplicarán en intensidad.

Yo estaba a mil hora y no podía dejar de desear que me lo metiera por el orificio que quedara libre.

Y así fue como, mientras me penetraba analmente, introdujo despacio y firmemente el pene de látex por mi vagina.

Yo estaba a cuatro patas apenas aguantando el equilibrio, ya que mis brazos se negaban a seguir sosteniendo mi cuerpo, pero era tal el deseo que pase olímpicamente de mis fuerzas.

Sentí como inundaba todo mi cuerpo. Como se mezclaba el vaivén del pene caliente y firme de mi marido con la dureza y alocada vibración de mi amigo de goma.

Sentía como apenas los separaban una finísima pared de tejido y como la vibración del aparato excitaba locamente a mi esposo que me avisaba que no podía más.

Sin separarse me empujo hasta que mi abdomen tocó el colchón y manteniendo mi culito en pompa, siguió penetrándome, mientras yo mantenía mis piernas semicerradas y permitiendo, por otro lado, descansar a mis tensos músculos.

El sabe que esa postura me lleva al cielo.

Llegue varias veces e incluso sentí una especie de orgasmo anal si es que eso existe, pues no era como ningún otro que había sentido.

Mi amado se corrió con mucha libertad, sintiendo como su esencia calentita invadía mi zona interior que no dejaba de vibrar.

Descansamos exhaustos sobre la cama, comentando lo increíblemente bueno que había sido y aproveché para lanzar la pregunta del millón: si se animaría con un amigo de carne y hueso.

Me quedó claro su total y rotundo rechazo a mi proposición.

Cerré los ojos y pensé egoístamente para mis adentros, que aquella fantasía la tenía que conseguir hacer realidad.

¿Sueño? Conociendo a JC. Cap 35

Buscaba trabajo de prácticamente cualquier cosa y una oferta me llamo la atención.

Buscaban un asistente para un DJ productor de música y encima estaba en mi localidad.

Para aquellos tiempos. Hacer una entrevista por messenger era de lo más raro y más con el propio Dj, pero la verdad es que a mí me llamo mucho la atención porque te ayudaba a sincerarte sin ver la cara que ponía tu entrevistador. Podría ser totalmente al contrario y con cuatro palabras mal escritas ya estabas fuera de forma automática, pero a mí me pareció un reto.

Lo que empezó como preguntas corrientes y bastante centradas en la experiencia, terminó siendo una conversación totalmente informal en la llegó un punto en el que empezamos a tratar el tema de las sensaciones con la música y los sentimientos que genera.

Quizás había desarrollado ese sentido por la electrónica en todos los años que estuve trabajando escuchándola y porque mi chico también la escuchaba y la pinchaba de forma muy personal.

No sé cómo paso pero de repente sentimos una gran conexión tan sólo hablando y ninguno de los dos sabíamos cómo éramos.

Avanzamos en nuestra forma de comunicación usando el teléfono móvil y, hablando, seguimos sintiendo que debíamos conocernos.

A esas alturas poco me importaba ya el trabajo. Había encontrado una persona muy especial con una forma también muy especial de ver la vida y quería empaparme de esa filosofía.

Quedamos y hablamos durante horas y no parábamos de mirarnos a los ojos como buscando en los colores de nuestros iris las respuestas a nuestra existencia.

Tanto mantenernos la mirada hizo despertar la curiosidad que albergaban nuestros corazones y en un abrir y cerrar de ojos nuestros labios se juntaron tímidamente.

Nuestra amistad se hizo más intensa y finalmente probamos la conexión de nuestros cuerpos.

Recuerdo su cercanía y su calor corporal.

Recuerdo las sonrisas que me brindaba mientras besaba mi cuerpo y la relajación que sentíamos.

Recuerdo sentirle dentro de mi, con unos movimientos suaves que me hicieron llegar muy fácilmente.

Con los días y las semanas nuestra conexión fue perdiendo pasión, quizás conscientes de la realidad que nos rodeaba.

Por suerte, nuestra amistad ha permanecido viva a lo largo de los años.

Y yo aún me pregunto si lo que pasó aquella tarde entre nosotros solo fue un sueño o los delirios de mi alma inquieta.

¿Sueño?. Amores de barra. Cap. 34

– ¿Donde está la camarera?

– Se ha ido al baño un momento.

Pero no.

No estaba en el baño.

Estaba arrodillada bajo la barra, con algo más caliente entre las manos que unas pinzas de coger el hielo.

Estaba demostrando que estaba loca y que me atrevía a hacer casi cualquier cosa.

Apuestas tontas de colegio pero con algo más de peligro.

El jefe de camareros era el que me había excusado y el que estaba recibiendo todo mi cariño mientras de cara a la galería lucia apoyado en la barra sobre sus codos.

La música sonaba y la gente seguía entrando a la sala, aún bastante oscura por el inicio de sesión, y yo seguía ahí escondida ignorando los temores y las consecuencias y besando con pasión su pene erecto a causa del morbo.

De repente se agachó a mi altura mientras disimuladamente se abrochaba el pantalón.

– Pide el relevo y te veo en 5 minutos en los camerinos. Hoy no te escapas.

Yo estaba a 100 y, hecha un manojo de nervios, pedí a una compañera de otra barra que me sustituyera un momento.

Las escaleras traseras al escenario que subían hacia los camerinos se me hacían eternas. Cada escalón era como deshojar una margarita, debatiendo entre sí seguir subiendo o darme la vuelta.

No llegué al lugar de la cita. Antes de tocar la puerta una mano agarró mi brazo y me arrastro hasta los baños que había de camino.

F.M cerro la puerta tras de mí y empezó a besarme con pasión y mucha prisa.

Toqué su pantalón y noté que aún arrastraba la ereccion de mis besos furtivos.

Noté como me besaba el cuello mientras me subía la falda y colaba sus dedos entre mis piernas apartando el tanga. Supongo que quería comprobar si estaba excitada y la verdad es que lo estaba.

Tras la pertinente protección se sentó en el wc y me invitó a sentarme encima de él.

Los tacones me ayudaban a estar elevada y poder moverme sobre el tal y como me gustaba.

Resultaba tremendamente morboso hacerlo allí, en ese momento, mientras se oían los tacones de las go-gos yendo y viniendo y el walky de mi amante sonar cada minuto.

Era casi como una carrera, por lo que no nos esmeramos en buscar el placer contrario. Nos limitamos a desatar nuestra lujuria, esa que habíamos alimentado y contenido durante muchos meses debido a las circunstancias.

A mí no me importaba llegar. Más bien me importaba crear un buen recuerdo. Hacerlo único, excitante, fugaz y algo egoísta.

Porque es cierto, a veces el sexo no es idílico. Puede ser sucio, rápido, incomodo, tramposo e incluso cínico, pero aún así, tiene algo que hace que quieras seguir.

Podría ser la necesidad de conectarte con otro, el sentirte parte de él. Buscar algo perdido que no tienes idea de la forma y el color y tan sólo te queda esperar a que brille en la oscuridad para alcanzarlo. Tal vez quería impresionarlo, demostrarle de lo que era capaz. O tal vez nada de eso, tal vez sólo sería coleccionar otra historia en el baúl de los recuerdos. Historias con olor y sabor.

Y fuera como fuere, F.M se corrió casi sin avisarme, y al segundo estábamos los dos acicalándonos frente al espejo, sonriéndonos alucinados.

– Estamos locos. Me dijo

– Menos de lo que crees. Le respondí.

No volvimos a conectar. No nos echábamos de menos. Fue una aventura secreta para el recuerdo que en nuestros recuerdos perdurará.

Y a día de hoy, aun me pregunto si todo fue un sueño…

Matrimonio. Cap. 33

Tras un par de años viviendo juntos e intensamente decidimos casarnos.

No es que fuera un objetivo por nuestra parte ya que no creíamos en el matrimonio como paso obligatorio para sellar un amor, pero familiares de su entorno nos presionaron por motivos religiosos -no católicos- y al final me pareció un trámite más que otra cosa.

Sin darnos cuenta estábamos envueltos en los preparativos y empezamos a sentir la carga de este tipo de cosas.

Al mismo tiempo nos metimos en una hipoteca que en aquella época parecían venir de regalo con las cajas de cereales.

En un abrir y cerrar de ojos estábamos casados y viviendo a decenas de kilómetros de Madrid centro a pesar de que nuestros trabajos se encontraban ahí.

En cuestión de dos años más, esa idílica hipoteca se convirtió en nuestra peor pesadilla. Con el alza del Euribor se duplicó nuestra letra y tuvimos que trabajar entre semana y los fines de semana para poder afrontarla.

La monotonía, la angustia, el estrés y las preocupaciones secuestraron nuestro tiempo y nuestro amor.

Yo veía el llegar a casa como una liberación, y nuestra cama como el último refugio en donde desconectar de la realidad. Pero mi pareja no lo veía así y nuestros encuentros amorosos eran cada vez más distantes y parecidos.

Empecé a valorar nuestros encuentros amorosos como verdaderos regalos, ya que eran pocos pero muy intensos.

No entendía, como con el paso de los años me había vuelto tan dependiente.

Enloquecía por un beso o una mirada suya y me tiraba todo el día reclamando atención.

Me enfurecía tremendamente que no me valorara y cada vez discutíamos más.

Las ganas de sexo me desbordaban y había mañanas en las que me despertaba dudando de si la historia que había soñado la noche anterior había sucedido de verdad o no…

¿Sería mi subconsciente, o mi voluntad?

Fantasías. Cap. 32

Pasamos un verano bastante intenso.

Viajamos juntos, en nuestros días libres, para que yo pudiera conocer los diversos mares que nos rodeaban.

Ahí sentada por primera vez frente al Mediterráneo, con las manos apoyadas en la arena, sentí esa extraña sensación que te invade cuando una fantasía sexual se esta formando en tu interior.

Quería sentir el tacto de la arena rozar mi espalda, dibujar la silueta de las embestidas en el borde del mar. Sentir como las olas acariciarían mis pies mientras le sentía dentro y dejar escapar mis gritos a través de los dedos clavándose en el suelo.

Sería esa fantasía idílica que a día de hoy aun no he podido hacer realidad.

Se fue el verano y llego el invierno, y con él otras etapas laborales que sorteábamos juntos, a veces trabajando en el mismo garito, a veces separados unas horas.

Cada vez nos conocíamos, y nos queríamos más y no tardé mucho en traer mis efectos personales a su habitación, y así, tener libertad extrema para desatar todos nuestros deseos.

El seguía volviéndome loca con la manera de hacerme el amor, y yo cada vez me volvía mas ansiosa de que ocurriera.

Nunca me decía que no, y con regla, con tiempo, o sin él, empezábamos o terminábamos el día fundidos en uno solo con las posturas mas cómodas o incomodas que podíamos imaginar.

Recuerdo que tras unos meses juntos, notaba como durante nuestras relaciones me tocaba la entrada del ano de una forma muy sensual, lo acariciaba mientras me penetraba y justo cuando empezaba a llegar al clímax, hacia mucha mas presión en el, cosa que me volvía tremendamente loca.

No tardé mucho tiempo en proponerle intentarlo, dejando de lado mi traumática experiencia con esa parte del cuerpo. Ya habían pasado muchos años y el deseo de poder sentir su amor entrar por otras partes de mi cuerpo me hacia tener fantasías con ello continuamente.

Y así fue como un día cualquiera, en el que no teníamos prisa, en medio de una larga sesión de sexo, le propuse intentarlo de verdad.

Sacamos del cajón un envase de gel lubricante para masajes y lo pusimos cerca para cuando lo fuéramos a necesitar.

Tumbé a mi chico en la cama y me coloqué de rodillas dándole la espalda, y mientras lamia con cariño su dulce sexo, notaba como sus traviesos dedos hacían circulitos alrededor de mi culito. De vez en cuando se lamia los dedos y los sentía húmedos jugueteando conmigo mientras yo seguía besando su pene excitado.

  • ¿Vas bien, amor?. Me preguntaba con voz melosa.
  • Si, sigue cariño. Le animaba deseosa de sentir la sensación con la había estado fantaseando semanas atrás.

No tarde en sentir como uno de sus deditos entraba y se deslizaba dentro de mi, y al poco tiempo uno de sus compañeros también se unía a la fiesta.

Al cabo de un ratito muy dulce, ya estaba preparada para hacerlo sin dificultad.

Salí de la cama y apoyada con las manos en la ventana le insinué la postura, que aceptó con agrado.

Me puso gel alrededor, que sentí bastante frio y agradable y suspiré cerrando los ojos para sentir al 100% lo que vendría.

Me relajé mucho, olvidándome de todo, mientras sentía como su pene entraba despacio, mientras el me separaba un poco los glúteos para tener mejor acceso.

Y así muy lentamente, noté como superaba la primera barrera física que había, para sentirle completamente dentro.

Me temblaban las piernas del placer, y no deseaba dejarle de sentir de esa manera. Le pedí mas movimiento, mas intensidad, como solo él sabia dármelo.

Pronto notaba sus embestidas, tranquilas pero firmes, mientras con una mano me acariciaba un pezón y con la otra me masturbaba.

Yo no llegaba a hacer nada, tan solo intentaba mantenerme de puntillas, apoyándome en la ventana y completamente concentrada en las sensaciones que sentía. No tardé en darle mi primer orgasmo anal, que sentí fuerte, intenso, diferente y excitante.

El también llegó dentro de mi, fruto de todo el tiempo invertido y de la presión que mi zona virgen había ejercido sobre el.

  • Uffff!!! que fuerte!!!. Solo pude alcanzar a decir.

Porque en verdad había sido una puerta que se abría para no volverla a cerrar. Había sido mucho mas morboso de lo que había imaginado.

Había sido perfecto, porque era consentido, tranquilo, amable, intenso… y efectivo.

Me enganché también a esa sensación, deseándola con frecuencia, y sin darme cuenta, se volvía a formar en mi interior otra fantasía sexual que no conseguía borrar de mi mente:

Ser penetrada por dos chicos a la vez.