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Amanecer

Un viaje por la vida

Así es como lo veo yo. El amanecer de un reto que hacia tiempo me rondaba la cabeza: escribir sobre lo que quiero, lo que deseo y lo que recuerdo, sin miedos, sin censuras ni prejuicios.

Es la cara y la cruz de las redes sociales, que todo el mundo sabe quién eres o que nadie necesita saberlo.

Mi intención es escribir aquí mis experiencias con la vida, con el sexo y la gente. Como todo lo que he pasado ha ayudado a crear la persona que soy y la que a veces temo ser.

Porque a través de las palabras puedo recordarme y mostraros como he sido y a donde voy con esta mochila cargada a las espaldas.

¿Me acompañáis?

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Cap 45. Compañero. Parte I

No te explicas cómo ha sucedido

Años trabajando juntos despacho con despacho, pared con pared y nunca nada fue más allá que las típicas pullitas de compañeros.

El, un chico agradable, de buen ver, un año mayor que yo, con corte talante, pijillo y algo engreído. Con ideales totalmente contrarios a los míos, lo que a veces provocaba más de una acalorada discusión.

Casado, maravilloso padre de dos hijos y buen profesional.

Yo, ocupada, deslucida, absorta en mi trabajo y en mi familia, recién madre de mi segunda hija, no prestaba más atención al mundo que lo que el mundo me gritara diariamente.

Ya llevábamos años trabajando juntos, coincidiendo un par de veces anuales en las comidas o cenas de empresa que nos daban un respiro de tanta seriedad

Alguna que otra tarde o mañana solos en las que nos contábamos nuestra vida, seguros de que nos entendíamos el uno al otro.

Ahora intento recordar cómo surgió esa chispa y no consigo localizar el momento exacto.

Un verano decidimos tomarnos algo para celebrar el comienzo de las vacaciones, y tras horas de copas, andanzas y recuerdos, fuimos cada uno a nuestro coche, aparcados en un garaje común.

Nos apoyamos en uno de ellos alargando la despedida, con sonrojadas sonrisas en nuestro rostro, y de repente, un largo beso nos unió sin darnos cuenta.

El calor del momento hizo que nos abrazáramos y quisiéramos sentir el cuerpo del otro, rozándonos y apretándonos como adolescentes llenos de energía.

La cordura volvió a nuestros sentidos y nos separamos, conscientes de que no debíamos continuar.

Cada uno nos subimos a nuestro coche y fueron los kilómetros más largos de mi vida.

Una explosión de mariposas se adueñaba de mi vientre.

Habían pasado años desde la última vez que lo había sentido.

Si, era un terrible deseo y lujuria que se había adueñado de mi, y lo peor: es que debían pasar 30 días de un terrible y caluroso mes de agosto para poder resolverlo…

Paréntesis

Han pasado meses desde mi última historia y la verdad es que he pensado mucho en cómo seguir.

Los recuerdos y las fantasías se entremezclan en mi mente haciendo difícil distinguir unas de otras.

Esto es algo que me atormenta porque ¿que eres cuando dudas de tus propios recuerdos, si resulta que somos el producto de nuestras vivencias y el resultado de nuestras decisiones?

Si lo que recuerdo no es real, o está retocado, o desfigurado ¿que es lo que me ha hecho ser como soy?

¿Puede ser que mi mente necesite adornarlo para dar sentido a lo que siento?

Y así van pasando lo meses dudando entre escribir o morir de silencio.

Y en estos días grises atrapados todos en burbujas realistas y monótonas, que sin duda necesitan algo de adorno, he decidido continuar escribiendo, evitando valorar si lo que salen de mis dedos son fantasías, o es esa realidad que me cuesta aveces aceptar.

Gracias por seguir leyéndome.

Hasta ahora…

Tres. Cap. 44 Parte 2

No me preguntéis como pasó para que dos gemelos buenorros se hicieran casi 60 km hasta mi casa y yo bajara las escaleras de mi edificio para subirme a su cochazo negro, pero los tres estábamos de camino a un hotel.

Recuerdo el momento de reserva de la habitación, y la cara del recepcionista, experto -seguro- en este tipo de situaciones y con una sonrisa en el rostro que no hacía si no ponerme más nerviosa.

Yo intentaba no pensar demasiado y rezar a la virgen para que saliera todo bien. Me había propuesto hacer realidad mi fantasía y estaba a un pasillo y varias puertas de conseguirlo.

Llegamos a la habitación cuya cama ocupaba el 80% del espacio.

Saque una botella de ron que llevaba en el bolso y unos vasos. Los chicos sacaron hielo y unos refrescos y nos servimos unas copas.

Recuerdo beber de la mía mientras intercambiábamos miradas intensas y penetrantes que no hacían si no pedir a gritos que nos quitáramos la ropa.

Yo me había puesto un vestido ajustado negro y unas medias negras que me llegaban hasta por encima de la rodilla. Antes de quitarme el vestido, me quite suavemente la ropa interior, para darle más emoción al asunto.

Me tumbe en la cama y ambos se tumbaron a cada lado. Besé a A. suavemente mientas J, su hermano, me besaba la parte trasera del cuello y me acariciaba los glúteos.

Sentía sus manos rozarme entera por encima de la ropa, mientras mi sexo se humedecía de la sobre excitación que tenía.

Quería disfrutar cada beso, cada caricia, cada partícula de aire y olor que me embriagaba, porque sentía que lo había estado deseando muchos años, que lo estaba haciendo realidad y que no quería que se me olvidase.

Después de sacarme los senos por el escote y besármelos con mucho cariño, me quitaron la ropa mientras yo desabrochaba sus pantalones.

Besé y lamí el pene de A mientras J me mansturbaba y yo le correspondía con una de mis manos libres.

También probé el sexo de J, recorriendo con mi lengua todas sus formas, y así estuvimos mucho tiempo, intercambiando caricias, besos y posturas.

Con mucho cuidado y cariño ellos comieron de mi vulva, mansturbaron mi clitoris y me hicieron llegar varias veces hasta que mis caderas dejaban de temblar.

Estando los tres desnudos y tumbados y sedientos de más acción, le pedí a A que me penetrara.

Me senté encima suya moviendo las caderas mientras me comía la Polla de J, que estaba de rodillas junto a nosotros.

Estaba tan excitada que notaba que mi culito se estaba relajando y podríamos empezar de lleno mi fantasía.

Me subí encima de J y pedí a A que me abordara por detrás.

Recuerdo inclinarme hacia adelante, mientras sentía el pene de J en mi vagina, cuando de repente algo calentito, suave, y lleno de lubricante comenzó a abordar mi culito.

Recuerdo cómo sentía una presión enorme, que me llenaba, un pequeño dolor mezclado con placer. Me sentía frágil y deseada.

Recuerdo apoyar mi cara en el pecho de J mientras A agarraba mis caderas para metérmela cada vez más adentro. Incorporarme y sentir su cara junto a la mía.

Yo gritaba de placer abandonada al deseo, mientras ellos me daban todo de forma suave y profunda. A me acariciaba los senos y J me masturbaba a la vez que los sentía a los dos dentro de mi.

Recuerdo sugerirles posturas, probamos todo lo que se nos ocurría, llegamos varias veces, nos cargamos una caja entera de condones, y seguíamos dándolo todo sin apenas descanso como si fuera la última vez.

Recuerdo en una ocasión pedirles que lo hiciéramos de pie, colgándome del cuello de A, que me penetraba por delante, sujetándome una pierna flexionada, cuyo peso compartía con J que estaba detrás. Sentia sus penes deslizarse tan fácilmente entre mis pliegues y mis flujos. Las embestidas eran profundas y firmes y estando de pie las notaba con mucha más intensidad. Me volví loca y llegué muy alocadamente. Gritaba y jadeaba pero ellos no paraban. Me agarraba a su cuello a punto del desmayo sin apenas aire en mis pulmones. Fue uno de los más intensos y cansados que sentí. Las mariposas de mi estómago me estaba taladrando el abdomen.

Recuerdo que A llegaba antes que su hermano y que J duraba muchísimo, quizás demasiado.

Miramos el reloj y estaba a punto de ser las 6 de la mañana. Habíamos estado más de 5 horas follando, apenas sin descanso y nuestros cuerpos no podían continuar.

Nos tumbamos los tres en la cama, yo en el medio. Desnudos y exhaustos.

Nos reímos y suspiramos.

Os aseguro que en ese momento no se puede hablar demasiado. Se rompe la magia y ya nos habíamos dicho mucho con el cuerpo. Nuestras miradas lo decían todo. Decían “joder” y “no me lo creo” y “eres la ostia” y un sinfín de gestos de complicidad e incredulidad.

Nos vestimos, recogimos, y me acercaron a mi casa.

Había sido el primer trío de los tres y no pudo haber sido más idílico.

Lejos de parecer una peli porno y acabar siendo yo su objeto, había sentido durante toda la noche un equilibrio y un respeto muy sano.

Me despedí de los dos y mis mariposas y yo nos fuimos a la cama a recordar todo lo que había pasado.

Sentía mi cuerpo muy abierto, magullado y cansado, pero mi alma rebosaba de placer, de felicidad y de alegría.

Por fin había cumplido lo que tanto anhelaba sentir y no me había defraudado.

Al día siguiente lo comentamos eufóricos. Ellos querían repetir. Les dije que tenía que digerirlo y procesar lo que había pasado.

Estuve varios días rememorando cada escena, cada sensación. Cerraba los ojos y aun los sentía dentro de mi a pesar de haber transcurrido semanas. Fue increíble sentir todo aquello.

Sin embargo, decidí no verles más, por miedo a romper el recuerdo, porque sabía que no sería igual.

Quería idealizar lo ocurrido y no estropearlo, por una cosa es la curiosidad y otra el vicio 😅

Por fin! Cap 44 Parte 1

Era una noche normal, me habían cambiado de barra y eso me disgustaba un poco porque te acostumbras a todo, lo automatizas, e incluso los clientes se relajan y casi al final ni ellos tienen que pedirte ni tú preguntarles. Aparecen y la copa ya la tienen ahí.

En mi nueva barra me sentía como fuera de sitio pero igualmente cuando llevas tantos años detrás de ellas te parecen todas iguales

Ahí estaba yo, atendiendo como de costumbre cuando un chico alto, rubio y de ojos azules, que ya me había pedido un par de veces más, se apoyo en la barra y empezó una conversación aprovechando un pequeño respiro que me había dado la clientela.

– Que tal, como te llamas, me preguntó, contestándole a continuación mi nombre

– y tú? Le pregunté yo.

De repente se remangó la camisa y me enseñó su reloj. Era un Casio antiguo en el que apretando un botón se podía leer el nombre escrito con los característicos números del reloj. Me eché a reír

– A ver, que lo entienda yo, ¿me estás diciendo que llevas tu nombre en el reloj? ¿Para que? ¿Para que cuando te emborraches mucho sepan como te llamas? ¿Así es como ligas con las chicas?

Y así con esa broma y la tremenda risa que me entró, nos caímos bien.

Al final de la noche ya no podíamos parar de hablar y de hacer bromas y fue una noche tremendamente divertida.

Me pidió el teléfono y se lo di para seguir bromeando a lo largo de la semana.

Pasaron meses de aquello y de vez en cuando me escribía para saber que tal y mandarme alguna foto de su reloj y volver a echarnos unas risas.

Hasta que una noche cualquiera, en la que no estaba trabajando, coincidimos en el ordenador. Le pregunté que hacía y me dijo que estaba con su hermano, puso la cámara y nos saludamos los tres.

Resultó algo raro porque tenía un hermano gemelo y parecían idénticos.

– ¿El es tan friki como tú con los relojes? Le pregunté.

– El es igual que yo en todo, me dijo mientras su hermano se descubría la muñeca para enseñarme un reloj similar.

Las risas no paraban y el buen rollo se fue tornando tonteo.

Ahí me encontraba yo flirteando con dos chicos iguales, integrantes de las fuerzas de seguridad del Estado, guapos, amables y divertidos y a las puertas de poder cumplir mi fantasía.

Llegó un momento de la noche en la que decidimos hacer una locura y quedar a tomar algo, y así fue como me vestí y les esperé en la puerta de casa a que llegaran.

Me temblaba todo el cuerpo, pensar lo que podría estar a punto de pasar.

Me sentía a la vez vulnerable porque no dejaban de ser dos desconocidos que podrían hacerme cualquier cosa horrible, pero algo en mi interior me decía que saldría bien.

Me subí a su coche y nos encaminamos a la aventura…

Monotonía Cap. 43

La monotonía, esa fiel agorera del fin de algo bonito.

Os imaginareis que hablaría de la monotonía sexual, que si, también la he vivido con algún amante, en el que el riesgo no compensaba la calidad de lo recibido.

Te escabullías, mentías y confabulabas para al final recibir algo soso y decaído, que no igualaba o superaba, ni de lejos, lo que sientes al lado de tu amor verdadero.

Ese sentir lo mismo, hacer lo mismo, follar de la misma forma, modo y manera.

La monotonía a la que me refiero es otra, más oscura, terrible y devastadora.

La continua repetición de la misma situación, con pocas variables pero con idéntico final.

Tu, negándome el deseo de sentirte, y yo, llorando mi destino.

¿Como algo así puede llegar a ser monótono?

Es fácil.

Cuando la acabas aceptando, asumiéndola como parte de tu vida, como algo que está ahí, inerte, y con posibilidades de repetirse de forma continua, esa… esa es mi monotonía más letal.

Llevas trabajando horas, que son como días enteros, y camino a casa imaginas tu vía de escape, que casi siempre se debate entre una tableta de chocolate y el cuerpo de tu amado caliente y sensible rozándose con el tuyo.

Llegas a la cama, mordiéndote los labios en la cena por miedo a estropearlo de alguna inexplicable forma.

Te pones el pijama delante de tu pareja, mostrando ambos los cuerpos desnudos sin un atisbo de lujuria, cubriéndolos para protegerlos del frío que se esconde bajo las sabanas.

Te acuestas junto a él, miras el teléfono un rato, repasas si hay algo que poder decir o de que conversar. Dejas el móvil en la mesilla, te giras, le miras a los ojos, sonríes, te acercas, y lo sabes, lo notas, lo deduces.

Te llevas un NO por buenas noches, un ESTOY CANSADO de despedida, y ahí se mueren tus ganas, ahí llega tu monotonía.

Antaño intentabas cambiarlo, preguntabas, conversabas, pedías explicaciones, incluso elucubrabas pensando múltiples posibilidades por las que te rechazaba.

Ahora ya no luchas. Te giras. Te enfurruñas, piensas en otra cosa.

Sueñas con tus fantasías, materializas tus ganas en el baño para que se escape la energía.

Vuelves a la cama vacía.

Hasta otro día.

Maldita monotonía.

Mimos nocturnos. Cap. 42

¿Habéis tenido alguna vez esta experiencia?

Estar total y profundamente dormida y de repente sentir la mano cariñosa de tu pareja tocarte el hombro, bajar por el pecho y acariciar tus pezones.

Tú te despiertas, pero sin apenas moverte, porque mola más hacerte la dormida para ver hasta donde llega.

Porque forma parte de tu fantasía sentir que hacen contigo lo que quieren mientras tu no opones una resistencia activa.

Notas que unas mariposas se agitan en tu vientre, y tu regalas una sonrisa a la oscuridad que te rodea.

Notas que esa mano grande y calentita baja por tu abdomen, redondea tu ombligo y se mete por debajo de la gomita del pijama.

Tú estás dudando en si girarte o dejar que siga pensando que duermes. Tampoco sabes con certeza si él duerme y es un acto de sonambulismo, o está completamente despierto y consciente de que te toca “sin tu permiso”

Sientes que empieza a palpar tus zonas más íntimas buscando entre tus pliegues su objetivo.

Tú te estremeces mientras notas como presiona tu botoncito y no puedes seguir teniendo los brazos bajo la almohada.

Te giras acompañando un suave mmmmmm indicando que te estás despertando, a pesar de que llevas disfrutando de las caricias varios minutos y siempre acabas soltando una frase acorde con el momento, tipo ¿es que el nene quiere guerra?

Y entonces, animada y dispuesta, empiezas a besar a tu pareja, desde la frente hasta la goma de su propio pijama.

Respiras su olor, una mezcla entre dulzón y varonil y te escondes bajo las sábanas para quererle un poco más.

Muerdes por encima del pijama su miembro duro y empinado, como el aviso de lo que llegará, mientras notas que se estremece.

Lo liberas de su prision y comienzas a acariciarlo con tu nariz. Sientes ese calor que toca tu cara y llega hasta tu boca.

Tus labios se posan suaves sobre la puntita y empiezas a dar pequeños besitos alrededor del glande.

Lo pruebas con la lengua y con ella das pequeños rodeos hasta metertela toda dentro de la boca.

Comienzas a chupar, a succionar, a lamer, a jugar, a morder.

Aceleras, paras, sigues, más fuerte, más flojito, más suave, más bestia.

Te encanta que te toque el pelo, que te acaricie la cara, que te pida que pares.

Ese momento en el tienes que tomar la decisión de si te ignoras y sigues, y le haces disfrutar hasta el final, o paras, como te pide, y compartes un ratito de buen sexo.

Haces una rápida recopilación de últimos encuentros, en el que intentas recordar quien salió ganando la última vez.

Decides esta vez dárselo todo y seguir con tus besos y empiezas a tomártelo más en serio.

Liberas tus manos, te colocas en posición de ataque, y empiezas con tu plan de “a tope”.

Rodeas ese pene erecto con una mano, mientras con la otra acaricias su escroto.

Sigues chupando la puntita, succionándola hasta dejarla sin circulación.

Bajas y subes su cobertura de piel mientras saboreas hasta su último aliento.

Sigues, y tú boca sube, y baja, y sube… te pareja te avisa que no aguantará mucho, y tu sigues concentrada.

Lo quieres todo y no paras, y sigues, apenas sin respirar, y sigues, sin soltar tu presa, y sigues, comiéndotelo todo.

Y sigues, hasta que lo notas, notas que se pone tenso, que los músculos de sus muslos se contraen, que su espalda de dobla.

Sientes que llega el final, que cada vez respira más rápido, que suspira, que se queja, que se lamenta.

Sientes que llega, y mientras sale y resbala por tu mano, sigues besándole y pasando tu lengua por un lateral.

Y todo acaba, y te despides con tres besitos.

Y te dice que le has violado, y le dices satisfecha que empezó él.

Y te dispones a volver a dormir, como si nada hubiese pasado, pero anotando en tu agenda mental, que la próxima vez, te tocará a ti llegar al cielo.

Brrrrrr. Cap. 41

AR y yo nos seguíamos sintiendo juguetones y se nos encendió la bombilla para nuestra siguiente travesura.

El era el DJ de la sala en donde trabajaba los fines de semana. Su cabina se encontraba directamente frente a mi barra y podíamos mirarnos en la distancia con bastante facilidad.

Me propuso un reto y lo acepté sin preguntar. Yo me atrevía a todo.

Acudimos a un sex shop bastante acogedor, lo recuero muy luminoso. Como si de una pequeña tienda de suvenir se tratase. Había aparatos de todas las tallas y colores, para todas las partes del cuerpo. Una musiquita tranquila amenizaba nuestra búsqueda y la dependienta parecía tan agradable que solo faltaba que nos hiciera una demostración del género que vendía.

Elegimos finalmente un pequeño consolador con forma de proyectil redondeado que tenía …

Mando a distancia.

La idea ya os la podéis imaginar. Ir a trabajar con eso puesto y que AR tuviera el control y lo encendiese desde la cabina cuando quisiera .

Me pareció una idea súper divertida, poder mezclar el trabajo con el placer y además de una forma tan sutil.

Llegó el sábado noche y salí del baño dispuesta a empezar la sesión. No hizo falta que habláramos. Nos miramos y comprendió que lo llevaba encima.

Fueron llegando los clientes y yo sentía el pequeño cacharrito ahí metido, sin que de momento me diera guerra alguna.

Tenía una compañera fija de barra con la que en esos momentos me llevaba de fábula y colocamos las cosas como de costumbre.

Empezamos a trabajar más intensamente y me dispuse a llenar varios vasos de hielo. De repente una vibración extrañamente fuerte me asustó. Pegué un bote descomunal escapándoseme un joder en alto. Se me había olvidado por completo lo que llevaba encima.

Mi compañera fue a mi encuentro y me preguntó si estaba bien. Le dije sonriendo que la cámara me había dado un calambre. Mire al frente buscando a mi compañero travieso y ahí le vi, con cara maligna, dispuesto a pegarse una panzada a reír.

Aquella cosa en mi interior no paraba de vibrar y yo, muerta de la risa, intenté controlar mi excitación al constatar que era un movimiento continuo y monótono. Podía dominarlo. Me pareció hasta agradable la sensación. Iba a ganar la batalla y el no iba a conseguir sacarme ninguno.

Lo que no sospechaba es que el aparatito tuviera diferentes modos y niveles y comprobé que AR quería probarlos todos.

Seguí sirviendo copas con tranquilidad hasta que esa vibración cambió de patrón. Empezó a ser como un código morse con intensidad alta.

Apoyé las manos en la cámara que había bajo la barra y empecé a tomar aire. Aquello me estaba empezando a dominar y no hacía más que sentir que me temblaba todo el cuerpo.

No podía parar de sonreír para mitigar los nervios. ¿Pensaría la gente que estaba volviéndome loca?. Me costaba alzar la cara al frente. No quería mirar a nadie, y no quería ver en la distancia como mi compañero se estaba literalmente meando de la risa.

Nos os imagináis una barra repleta de personas mirándote apenas a medio metro de ti y tu a punto de llegar al orgasmo. Intentando llenar vasos de hielo y poner alcohol en las copas sin que notaran que te temblaban las manos y que no se te borrara la estúpida sonrisa de ¿Quién me mandaría a mi?

Le hice un movimiento de negación con la cabeza al DJ pidiéndole que lo apagara, pero aquello no fue buena idea.

De repente eso se puso en modo killer y pensé que saldría pitando de mis braguitas.

Cruzaba las piernas haciendo presión con mis músculos vaginales mientras seguía trabajando pero apenas podía respirar. Es lo que pasa cuando intentas contener un orgasmo.

Mi compañera y un par de clientes me preguntaron si estaba bien.

Yo andaba a mitad de camino entre la risa, el desmayo y la ira.

Fue la vez que más dominada me había sentido. Me gustaba, me divertía, pero quería matar al chico que había tenido tremenda idea.

Me giré hacia las botellas dando la espalda a la clientela. Empecé a rendirme y dejarme llevar. Quería llegar cuando fuera y donde fuera, ya todo me daba igual.

Comencé a respirar más profundamente dejando que mi cuerpo se invadiera de ese temblor, y llegué al climax con una mano agarrada a una botella de Jb y la otra a una de Brugal. Intenté disimular lo mejor que podía. Mis braguitas estaban más que húmedas. Estaban mojadas.

– ¿Te estás mareando? Insistía mi compañera

– ¿Que? Ah… si… bufff… estoy fatal. Algo me ha debido de sentar mal. La respondí mientras me dirigía al baño, el cual, se encontraba junto a la cabina.

Aproveché para acercarme y decirle al DJ al oído que se la cargaría por esto. Me recordó que aun no podía quitármelo.

– Me vas a matar. Le dije temiéndome una noche movidita.

La verdad es que estaba muy excitada. Ese cacharrito me había encendido todos los botones de mi interior y necesitaba que me los apagara alguien.

Me pasé media noche entre orgasmo – visita al baño – orgasmo – quiero cargármelo- y finalmente decidí romper la apuesta y quitármelo para poder seguir viviendo.

Por la mañana le acerqué a su casa en mi coche y por el camino nos reíamos con el experimento.

– No se si alguien se ha podido dar cuenta. Le decía yo. Porque había momentos en los que hablaba a los clientes entre suspiros, sacando pecho a causa de las inhalaciones, pensarían que me estaba insinuando.

Si. La gente me miraba un poco raro hoy. Uno incluso me preguntó si estaba enamorada. Jajaja. Puede ser que fuera lo mas parecido al amor ¿no? Cuando estas fuera de ti, desinhibida, sonriente y afectiva.

Obviamente acabamos haciéndolo en mi coche para rematar la jornada. Estaba tan excitada que no hacían falta ni preliminares. Me entraba de todo y por todos los sitios, por lo que me senté encima, de frente, en el asiento trasero y tuvimos un sexo anal de película.

Había sido un juego divertido, secreto y morboso, que acordamos que algún día habría que repetir.

 

Encuentros Parte II. Cap. 40

Y ahí que nos lanzamos y nos sentamos junto a esa solitaria pareja.

Ella era una chica nórdica sonriente y callada y él era un jovencito español rubio con el pelo largo, que parecía que había venido un poco obligado, fruto de alguna improvisada idea de última hora.

Sinceramente, el chico no me agradaba al 100%, pero se nos acababa el tiempo y empecé a ser menos selectiva.

Después de una conversación banal y no muy larga nos fuimos hacia las camas comunes que había en una parte de la sala.

De camino veíamos como el ambiente estaba bastante animado. Había mucha gente compartiendo risas, cuerpos, besos… había grupos que hacían círculos en donde el de al lado recibía las caricias de la persona de su derecha mientras con su mano tocaba a la de la izquierda. No importaba el género.

Llegamos a una zona despejada que daba a una pared y allí empezamos nuestra aventura.

Primero AR y yo nos besamos y acariciamos un ratito para ponernos a tono mientras ellos hacían lo mismo.

No tardamos en intercambiarnos y empece a besarme con aquel extraño. Intenté olvidarme de todo y dejarme llevar. Estaba excitada y expectante. Ansiosa. No tardamos nada en avanzar y cuando me di cuenta, después de ponerle protección, ya estaba encima de aquel chico.

Miré a mi derecha y vi a mi pareja tumbada en la cama con la otra chica encima. Las dos hicimos lo nuestro. A veces coincidíamos en las embestidas. Yo teatralizaba un poco de cara a los mirones que teníamos alrededor. Me gustaba pensar que los estaba excitando. Ella era más bien recatada y solo le oía pequeños suspiros de muñequita de cristal. Me entraba la risa. Parecía una especie de robot follahombres.

Miraba a AR con cara de madre mía donde nos hemos metido y seguíamos a lo nuestro. No se lo que sentía él en ese momento. Yo: decepción.

El chico que tenía debajo, no estaba lo suficientemente excitado, al menos no sentía que me llenara. Me avisó de que le quedaba poco.

– Nooooooooooo. Gritaba yo desde mis adentros. No me hagas esto!!!!

– Deprisa AR, ven aquí detrás, le pedía jadeando. El se incorporó y vino a mi encuentro, intentando ponerse un nuevo condón, pero antes de que pudiera sentirle, mi mal seleccionado compañero llegó a su punto final.

– Sigue con la chica, no lo dejes, le dije a AR mientras me incorporaba. Mi nueva pareja se sumía en disculpas.

– Lo siento mucho, era mi primera vez así.

– No pasa nada. Le animaba con cara compasiva. Quería matarle. Gritarle que no tenia ni idea, que parecía un muñeco hinchable, pero me contuve y le sonreí.

Me giré hacia la sala para ver qué estaba pasando, resignada a dejar mi fantasía para otro día.

Acto seguido se acercó una pareja. De edad media, atractivos.

– ¿Estás sola?. Me preguntó ella.

– Ahora si. Le respondí mirando hacia atrás. AR seguía a lo suyo. Tenía pinta la cosa de durar horas.

El hombre que acompañaba a la curiosa mujer, me pasó la mano por el cuello y me dio un beso en la boca. Suave, delicado, tranquilo. Me gustó.

Nos encontrábamos los tres de pie, formando un triángulo muy cerrado.

De repente la mujer que tenía a mi lado me giró la cara suavemente hacia ella y mirándome fijamente a los ojos también me besó. Era la primera vez que besaba a una persona de mi mismo sexo. El corazón se me aceleraba, se me salía del pecho. Las mariposas de mi vientre despertaron.

Sentí unos labios finos, suaves, firmes. Fue un beso tímido y sencillo, que aun así me encogió el alma.

De repente sentí como mis senos estaban siendo acariciados por los dos. Yo, a 1000, me metí en escena de lleno, y repartí mis manos entre sus cuerpos. A él le acariciaba por encima de su ropa interior, notando su pene grande y erecto. A ella le correspondía también acariciando sus pechos y notando como sus pezones se contraían. No sabía si podría pasar de ahí…

Mientras nos intercambiábamos besos los tres, notábamos que la excitación iba en aumento.

No recuerdo cuál de los dos empezó a bajar sus manos por mi vientre buscando partes más íntimas de mi cuerpo. A mi no me entraba el aire e intentaba llenar mis pulmones con inhalaciones cada vez más profundas.

Miraba los senos de mi compañera y los recuerdo firmes y suaves, tenía ganas de besarlos. Mientras su pareja me tocaba el clitoris, yo empecé a comerme los pechos de esa diosa que me a acariciaba el pelo como si estuviera saciando mi hambre. Los recuerdo salados y sus aureolas rugosas.

Le dediqué también un ratito al él, metiendo mi mano por dentro de su bóxer.

Nos estábamos empezando a emocionar.

Bajamos las dos a la altura de su pene y empezamos a besarlo tímidamente cada una por un lado, y cuando llegábamos a la punta nos besábamos entre nosotras.

Él nos incorporó y noté que ellos se miraban y se decían algo con los ojos. Creo que habíamos llegado al límite que se habían impuesto.

Me dejaron respetuosamente para tumbarse en una cama y terminar lo que habíamos empezado.

Lo respeté, obviamente, porque en estos sitios el respeto es una premisa.

Me quite el pelo de la cara, tome aire, deje que mi excitación me abandonase poco a poco, aunque la sensación de lo que había ocurrido no me dejaba pensar.

Había disfrutado infinitamente mas con esto que follando con un chikillo inexperto.

No todo era sentir algo dentro. No todo era blanco o negro.

AR terminó, nos vestimos y nos fuimos.

Por el camino comentamos la juzgada, sintió que no hubiese encontrado a un amante lo suficientemente bueno como para darme, junto a él, lo que buscaba.

En el fondo yo no lo sentí. Esas tontas caricias que compartí con esa pareja. Esos primeros besos lésbicos que había experimentado me llenaron mucho más y borraron cualquier mal recuerdo de mi mente.

Es cierto que seguía necesitando hacer realidad mi fantasía, pero no tenía prisa.

Otros horizontes se abrían ante mi, como una luz que me cegaba.

Encuentros parte I. Cap. 39

Después de mi primer local liberal, nos emocionamos un poco.

A.R. Y yo fantaseábamos continuamente con volver, pero esta vez, dejarnos llevar por la loca idea del intercambio y mezcla de parejas y conseguir por fin hacer realidad esa persistente fantasía de sentir dentro de mi a dos hombres a la vez.

Nos creamos un perfil y empezamos a navegar por webs de intercambio en busca de la pareja perfecta.

Nos hicimos alguna foto sugerente que no revelara nuestra identidad y empezamos a recibir bastantes invitaciones acompañadas de todo lujo de detalles y explicaciones sobre lo que sucedería si nos decidiésemos por ellos.

La verdad es que la idea en la cabeza sonaba mejor que en la realidad, porque lo cierto es que cuando quitas de la ecuación la magia de la improvisación, el planear el donde, cómo y con quien, me hizo desilusionarme bastante con el proyecto, terminando por abandonarlo.

Y así es como al final acabamos en otro local liberal famosete de la capital. Con más experiencia y más energía.

Entramos y como si de clientes habituales se tratara. Nos quitamos prendas para dejarlas en las taquillas, paseando así en ropa interior y tacones.

El día anterior había estado seleccionando cuidadosamente que ropa reservar para la ocasión, y recuerdo que me decidí por unas braguitas de encaje marrones con un sujetador a juego muy sugerente.

Empezamos nuestra vuelta de reconocimiento por el local, conociendo las estancias y las posibilidades que nos ofrecía.

Nos encantó un pequeño rincón que tenía una especie de tejado agujereado que daba lugar a otras elevaciones del local en donde también se encontraba gente pasando la noche en compañía de sus aventuras.

Follamos ahí, delante de todo el mundo, mientras la gente de arriba se asomaba por las pequeñas ventanas del techo y nos miraba, mientras yo, procurando no mirar a nadie para no invitarles sin querer a la fiesta, no paraba de jadear, respirar, sudar y llegar de manera algo teatral pero auténtica.

Por si no lo conocéis, debéis saber que existen algunas pequeñas reglas en este tipo de locales y es que si alguien quiere unirse, te debe tocar el hombro y dependiendo de tu gesto, conoce o no de tu aceptación. Nunca me imagine un sitio tan respetuoso. Todo era muy sutil, tranquilo y amable. No me sentí en ningún momento violentada o acosada.

Recuerdo que estábamos paseando y llegamos al marco de una entrada a una sala en donde un grupo de varones estaba enzarzado con una o dos chicas. La expectación en aquel lugar era reveladora.

Nosotros nos quedamos en el pasillo antes de entrar, y recuerdo ver a una pareja joven y guapa también en el pasillo apoyado en la pared.

Mi pareja estaba mirando por la puerta y yo apoyada en el de espaldas a ella, tenía contacto directo con esa pareja. No recuerdo cómo era el chico. Lo que no olvido era su acompañante femenina. Su cara amable y tranquila y sus ojos grandes y oscuros que no dejaban de mirarme, como mandándome un mensaje cifrado que estaba empezando a comprender.

Fueron minutos los que nos hablamos con la mirada y ¡hay! Tonta de mi, no me atreví a lanzarme. Aun la recuerdo a día de hoy. Recuerdo la sensación de energía que sentía y a la vez la poca valentía de acercarme a una persona de mi mismo sexo.

Nos fuimos a la barra a tomar algo. Allí empezamos el verdadero trabajo de fichaje en el que se daba que a mi podría gustarme el varón de una pareja pero a mi pareja no le hiciera gracia su acompañante (y viceversa)

Finalmente encontramos una pareja sentada en frente de la barra que a los dos nos hacía tilín…

Reinicio

En primer lugar os pido perdón, mis grandes lectores. Por haber tardado tanto en volver.

Creo que la escritura no se debe forzar, ni aunque vivieras de ella.

Muchas veces he pulsado el botón de nuevo para retomar mi historia, pero después de un rato mirando la pantalla vacía y el cursor parpadeando, me ha invadido una sensación de no tener la energía necesaria.

Tras este pequeño parón, que todos en alguna ocasión hemos necesitado, me dispongo a seguir contándoos mis peripecias, miedos, sueños y temores para entreteneros, acompañaros, haceros reír o reflexionar, pero sobre todo para recordaros que nos estáis solos.